sábado, 15 de junio de 2013
“—¿Te puedo pedir una cosa? —Sí, dime. —No te acostumbres a mi. —¿Como así? —Que no te acostumbres a mi, ni a mi risa, ni a mi hiperactividad, a mi olor, ni a mis risas atemporales, ni a mis besos. No te acostumbres a que me cuentes tus cosas ni que te escuche con atención. No te acostumbres a cómo te miro o te dejo de mirar, ni te acostumbres ni a mi rabia ni mis celos irracionales, ni a reirte de las cosas que te digo. —¿Y eso a que viene? — A nada, simplemente que algún día me cansare y me iré y echarás de menos esas cosas a las que estas ahora acostumbrada y no valoras.”
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario